Por María Jesús Méndez
Siempre que pienso en “comunidad de mujeres” me susurra al oído el texto de la escritora Diana del Ángel “Hacer(nos) casita”, de la antología Tsunami Vol. 2. Diana cuenta una experiencia con la que todas nos podemos identificar: aquel momento en la primaria o secundaria cuando una chica quería cambiarse de ropa y todas acudíamos al llamado para “hacer casita” con nuestras faldas o vestidos para proteger a la compañera.
“Este gesto de acuerpamiento entraña algo de la espontaneidad que nos convoca a ser juntas un hogar de cuidado en situaciones de peligro”.
Diana del Ángel
Y pienso que eso fue lo que ocurrió entre 2020 y 2021, muchas colectivas o proyectos de mujeres florecieron entre esos años porque nos unimos para “hacernos casita” frente al mundo, frente a la pandemia.
Los círculos de mujeres me han enseñado que un grupo de extrañas, dejan de serlo en el momento en que abren sus corazones y todas prestan escucha atenta y sorora. Frases como: mando amora, mando abrazos, aquí estamos para lo que necesites, acompañadas de emojis de corazón, invaden los chats cuando las mujeres hablan en un ambiente seguro.
Seguridad es la característica principal que he encontrado en las comunidades de mujeres. Espacios que permiten el análisis, la reflexión desde distintas ópticas y la libertad para la creación, desde lo lúdico hasta lo académico. La Magia o el poder de las diosas me ha permitido recorrer en estos últimos años talleres creados por mujeres, donde el común denominador es la empatía y el respeto, que permiten la capacidad de escucha y el diálogo.
He conocido a mujeres brillantes en los talleres de creación literaria, he visto cómo un atisbo de luz abre una cortina, luego una ventana, la puertas de par en par y la escritura fluye, sus voces se vuelven fuertes, firmes y las empiezo a reconocer en sus textos. Luego las veo en publicaciones, algunas son más tímidas y no se animan, pero de cualquier forma, sé que no es necesario verlas en un estante, para saber cuán maravillosas escritoras son.
Hay tanta escritura de mujeres que no conocemos, no todo está dicho.
Es gracias a los proyectos culturales creados y dirigidos por mujeres que se tiene acceso, por un lado, a conocer las voces de escritoras vivas, que están tomando la palabra, haciendo suyos los espacios. Y por otro,para conocer a nuestras ancestras y revisar los caminos de otras mujeres creadoras que no tuvieron el crédito en su época.
Creo que esta es La Magia que invocamos en Despeinadas. La furia creadora, que es ahora una casa, no solo un cuarto propio. Un espacio seguro para llevar a cabo proyectos que nos inspiran, para compartir lo que aprendemos, para crecer juntas, para colaborar con otras y ante todo, para continuar plantando semillas, como una duda, como un calor que empieza a sentirse, como un llama que no se apaga.

